La destrucción creativa, una penosa verdad
5 Mayo 2010 | Publicado por Editor BRAHA en Medicina & Salud
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Sería muy lindo que los cambios tecnológicos sólo trajeran ganadores, pero es imposible que eso suceda
Por Juan Carlos De Pablo - www.lanacion.com.ar
Desaparecerá el libro impreso cuando se popularice el libro digital, como en su momento desaparecieron las velas y las lámparas de aceite cuando se popularizó la lámpara eléctrica, o el caballo de tiro cuando se popularizó el tractor?
Herbert Alexander Simon, premio Nobel en Economía 1978, analizó de manera admirable este último caso ¡desde la perspectiva decisoria del equino!, mostrando como éste desapareció porque no pudo seguir contratando al ser humano que lo conducía, cuando éste aumentó sus pretensiones porque el tractor (más productivo) le pagaba más.
Buscando respuestas válidas consulté a Joseph Allois Schumpeter (1883-1950), nacido en Moravia. Uno de los fundadores de la Sociedad Econométrica, quien enseñara en Harvard a partir de 1932 solía decir que se había propuesto ser el mejor amante de Viena, el mejor jinete de Europa y el mejor economista del mundo, y que sólo había logrado dos de los tres objetivos, pero sin especificar cuál le faltaba. Su tercera esposa, Elizabeth Boody Firuski, armó un verdadero rompecabezas para publicar la monumental Historia del análisis económico, en la que Schumpeter había trabajado durante los últimos diez años de su vida.
-En Capitalismo, socialismo y democracia, publicado en 1942, usted describió el desarrollo capitalista como un proceso de destrucción creativa.
-Para mostrar que no hay nada neutral en el cambio tecnológico, o en las inversiones en infraestructura.
La apertura de los canales de Suez y Panamá fue festejada por muchas personas, pero no por los constructores de barcos, cuya demanda disminuyó al acortarse los tiempos requeridos para el transporte; el asfaltado de los caminos que en la provincia de Entre Ríos tenían ripio fue festejado por muchas personas, pero no por quienes se ganaban la vida reemplazando parabrisas al costado de las rutas; Internet es una maravilla? excepto para los carteros, y las academias Pitman no sobrevivieron al reemplazo de la máquina de escribir por la computadora personal.
-Esto también ocurre en el plano local.
-Efectivamente, piense en el cine, el club y en el almacén de barrio. ¿Qué destrozó la demanda dentro de cada barrio, que antes estaba “cautiva”? El auto. Cuando no hay más remedio que caminar, la proximidad geográfica es una clara ventaja, que se evapora cuando aparece el auto.
-¿Qué se puede hacer para evitar los “efectos indeseados”?
-Una alternativa consiste en cerrar los canales, destruir Internet y prohibir la circulación de los autos.
-Estoy hablando en serio…
-Yo también. En la Revolución Industrial, la primera reacción a los problemas que generó la mecanización fue el ludismo, movimiento cuyos integrantes razonaban así: si el problema lo generan las máquinas, la solución está en romper las máquinas. Como se sabe, el ludismo no prosperó.
Años más tarde, Robert Owen intentó solucionar el problema fundando cooperativas. Su fracaso inspiró una variedad de propuestas socialistas, más o menos extremas.
El ludismo, como actitud, sigue entre nosotros, en versiones modernas, como la que pretende que los supermercados y los shoppings no abran los domingos.
-¿Qué otra cosa se puede hacer?
-Transformarse. Cuando a Antonio Carrizo le preguntaron qué hizo la radio para sobrevivir, luego de la aparición de la televisión, respondió que la que ahora escuchamos es otra radio, ajustada -por ejemplo- al hecho de que hoy se escucha más en los autos y en los camiones, que en la mesa familiar.
-¿Otros ejemplos?
-La afeitadora eléctrica no hizo desaparecer a la «hojita de afeitar», pero cualquiera que tenga suficientes años sabe que las actuales rasuradoras son muy diferentes a las que se utilizaban hace medio siglo.
El almacenero sabe que tiene que proveer servicios complementarios, más que sustitutivos, a las nuevas formas de comercialización.
Carlos Keen, en la provincia de Buenos Aires, y algunos bares y confiterías de la Capital Federal, supieron resolver de manera exitosa el desafío que plantea la destrucción creativa.
-Don José, muchas gracias.
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