“La pelea contra la droga es posible”
24 Agosto 2009 | Publicado por Editor BRAHA en Noticias, Prevención de Drogas
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El párroco de la Villa 21 denunció que el paco estaba “despenalizado de hecho” en los asentamientos de Buenos Aires y armó un enorme revuelo. Dice que la batalla no está perdida y que la derrota anticipada es la mejor aliada de los traficantes.
Rosa Bertino
El viento norte sopló sobre la Capital y provocó una oleada de insólito calor. La mañana del sábado está sofocante, lo cual no parece afectar al presbítero José Di Paola (47), quien sigue atendiendo a decenas de personas sin perder el humor.
Sin miedo
Esto fue en abril pasado. A pesar de las amenazas y del malestar generado en esferas oficiales y extraoficiales, el cura sigue al pie del cañón. Propiamente hablando. A lo sumo, ha morigerado un poco su discurso, para no perjudicar “a la mucha gente honesta que hay en la villa”. Pero está convencido de que toda lucha contra la droga es posible si se parte de un conocimiento real y desprejuiciado del problema. En definitiva, es cuestión de fe, de amor y, sobre todo, de acción.
Mucho para hacer
–¿Es real que sólo usted y los otros tres sacerdotes de Caacupé pueden entrar y salir de “la 21″?
–La verdad es que entra y sale mucha gente. Los medios condicionan la realidad, cuando la presentan sólo desde el ángulo policial. Imagínese, acá viven 40 mil personas. Los hombres son albañiles, y las mujeres están en el servicio doméstico. Es obvio que entran y salen varias veces por día, sin contar los mandados, las idas al médico.
–A medida que las villas se transforman en guetos peligrosos, la “integración social” suena más utópica.
–La droga es un problema universal. Esto no es novedad para nadie, y menos para nosotros. Pero en 2001 empezó a cambiar la edad y la forma de inicio. El paco es la droga de los chicos, algo antes impensable. En una villa, la pirámide poblacional tiene base muy ancha, por la cantidad de niños y adolescentes. De ahí que en los sectores más excluidos el paco sea un devastador. No podíamos seguir acallando una situación que implica una cadena de complicidades y silencios. Si lo hacíamos, también éramos cómplices. No hace falta decir cuánto liquida el paco, y en qué lapso.
–¿Qué acciones habría que emprender?
–Antes que nada, hay que convencerse de que la batalla es posible. La derrota anticipada es el mejor aliado del traficante. El desánimo hizo que la droga nos llevara por delante. Para no confundirse, la sociedad tiene que estar enterada de lo que ocurre en los sectores carecientes. Digo esto por la inseguridad que se asocia a la figura del adicto y al tráfico. ¿Cómo se hace, para conocer? Yendo, entrando, estando. El Estado dejó un vacío inmenso. Viviendo en las villas se nota que hace falta mejorar la salud, la educación, la actividad física. Pero cuando hablamos de Estado ausente no estamos hablando sólo de gobierno ausente. Hablamos de nosotros: de la universidad, las asociaciones, las religiones. La universidad, sobre todo, tendría que estar mucho más presente. Hay facultades que deberían venir a dar clases y prácticos en las villas. ¡El provecho sería mutuo!
–¿Qué porcentaje de chicos son recuperables?
–No voy a dar números. No los tengo, ni creo que sirvan demasiado. Lo único que sirve es no bajar los brazos. Las políticas de prevención y recuperación dan resultado en todas partes. Pero, claro, hay que instrumentarlas y no abandonarlas.
Publicado en “la voz del interior”, Córdoba, Argentina, 18-08-2009
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